martes, 18 de noviembre de 2008

Cuando Muhammad Alí me quiso hacer millonaria


Hoy Muhammad Alí me mandó un correo electrónico informándome que yo, la humilde servidora Malú Rengifo, que trabajo para ganarme la vida y nunca jamás he tenido en mi poder un billete de cien por más de cinco minutos, me había ganado nada menos que 15 millones de libras esterlinas.

Santísimo, ¡que me da el soponcio!

Pero, ya va. Yo soy una tipa lógica, ¿no? Yo me las doy de que analizo con detenimiento cada suceso y no descanso hasta verle las costuras. Así que, cuando ya había superado la etapa de "medio millón para mi abuelito, un millón para mi mamá y uno para mi papá... mmm... a Yrneh no le doy nada porque me tiene embarcada..." decidí que era el momento de pensar si realmente el señor Muhammad Alí tenía algún interés en hacerme millonaria.

Y bueno, me puse a pensar, ¿no? que hasta donde yo tengo entendido el señor Muhammad está enfermito, ¿verdad? A mi saber tiene lo mismo que el flaco de Volver al futuro, que tiembla burda, y esa es una cosa muy fea que tiene un tratamiento muy caro, por lo que mi primera deducción es: El señor Muhammad Alí necesita dinero para sus medicinas. Yo no le voy a aceptar ese regalo, no sea que después no tenga con qué comprarse los remedios.

Bien. La etapa de la conmisceración ya había sido tocada. Luego me acordé de que el verdadero nombre del señor Muhammad era algo así como Calvin Klein, o Casio Cligth, o uno que suena como a reconocida transnacional. Fue entonces cuando sentí miedo. ¿Y si el señor Casio se había cambiado el nombre porque estafó a una de esas trasnacionales y de pronto me estaba regalando el dinero para poder esconderse mejor y echarme ese ganso muerto a mí? Nooooo! Una razón más para no aceptarle el regalo. La etapa de la sospecha estaba abarcando todo mi panorama, y lo último que necesitaba en la vida era ganarme la fama a punta de una estafa multimillonaria.

Ya teniendo dos argumentos pesados en contra de la aceptación de la estratosférica suma, difícilmente podría encontrar uno más fuerte. De pronto sucedió algo que no me esperaba: me vino a la mente la idea de que todo era una trampa de algún enemigo del señor Alí para hacerle perder parte de su fortuna, y que, si yo aceptaba tan generoso premio, el célebre boxeador se tomaría un dosis extra de su medicina contra la enfermedad de Parkinson y vendría directamente a mi oficina a darme un puñetazo mortal como los que lo caracterizaban n sus mejores tiempos de deportista.

En fin, que no reclamé el premio, pero al menos tengo en la conciencia que el señor Muhammed está tranquilito en su casita y no se va a parar de su cama, molesto porque yo le quité 15 millones de libras esterlinas.

1 comentario:

Julio César dijo...

cómo me hizo reír esta entrada la primera vez que la leí.. y todavía.