jueves, 22 de enero de 2009

Afirmaciones y ejemplos sobre las cosas que eran más fáciles cuando eramos adolescentes (I)


1.- Desilusionarte del "hombre de tus sueños"

Cuando tenía 14 años, mi amiga Érika amaba a un chico llamado... bueno, se me olvidó, digamos que Alejandro. Resulta que Alejandro jugaba fútbol en el mismo equipo que mi amado Samuel Barandela,  y nosotras teníamos como deporte quedarnos después de las clases para ver jugar a nuestros respectivos Romeos.

Todo sucedió un día en que estábamos en pleno ritual de observación del género masculino. Recuero que solíamos hablar de lo bellos que se veían sudados y todas esas obscenidades que dicen las adolescentes que nunca han tenido novio pero pretenden saber mucho del tema. Samuel jugaba de delantero y Alejandro de portero, por lo que era más fácil vigilar al novio imaginario de mi amiga que al mío propio.

La cosa fue muy rápida, pero asombrosamente fulminante. Nunca he visto yo morir un amor con tanta velocidad. Alejandro estaba en la arquería esperando el momento de actuar, que no llegaba, y de pronto me presumo que le empezó a picar la nariz. Érika fue la primera en notarlo. De inmediato tomó aire y lo retuvo fuertemente dentro de si mientras me apretujaba un brazo con su mano derecha.

"¡Asco!", dijo con un gesto de terror en la cara, viendo al susodicho conenzar a introducirse el dedo en no recuerdo cual de las dos fosas nasales, sin imaginar lo que vendría a continuación: Alejandro se sacó un moco que gracias a la distancia no llegamos a ver, pero que deb{ia medis como medio metro de largo, lo miró con detenimiento durante un par de segundos y sin mirar a los lados a ver si alguien se daba cuenta de lo que pasaba, -todavía después de ocho años no termino de creerlo- se lo comió.

¡Zaz! ni siquiera le dolió. A Érika, digo, el desamor. La cosa fue inatantánea. En aquella época las niñas estábamos tan claras de lo que queríamos en la vida que mi amiga ni siquiera lo pensó dos veces antes de dejar de amar a un hombre que se comía los desechos que sacaba de su nariz. Yo, por mi parte, le di todo mi apoyo e incluso acepté no comentar nada a nadie para evitarle el bochorno de que se publicara la historia del comemoco, pero hoy estaba pensando en lo admirable de la decisión de mi amiga y me di cuenta de que, como todo, dejar de amar a alguien porque se coma los mocos es algo más difícil cuando se es relativamente adulto que cuando se es una completa adolescente, o sea, por supuesto que da asco, pero dejar de estar enamorada de alguien por semejante idiotez resulta un poco difícil.

Quizá esto signifique que el amor mientras más adulto es más profundo, o algo así. Lo que yo no dejo de preguntarme es si más bien será que una, a fuerza de golpes y de besar ranas, con tal de que le den respeto y cariño a cambio, se le va pasando un poco aquel instinto femenino del rechazo a las cochinadas.

6 comentarios:

Micho dijo...

juajua, como que no asimile la gravedad del asunto... hasta que dijiste que media medio metro y se lo comio

juajuajuajua

muy lindo blog, llegue por "the doors" espero pasarme varias veces para saber tus historias

por cierto, mirar partidos de futbol no se si sera deporte, mi padre ha engordado con ese deporte aca en casa

saludos pequeña

Malu Rengifo dijo...

jaajajajajaj! Muchísimo gusto conocerte :) Me encantaría que te pasaras más seguido a leer mis historias.
Un abrazo grandotote.

P.D.: tienes razón, consideraré lo de comenzar a hacer deporte como es debido :)

Julio César Serralde Ávila dijo...

Se lo comioooooooooooooooó!!!???



Gustamente ayer me asombré de una amiga que come gises (que tiene 14 por cierto)

pero comerse un moco a esa edad, wuahu.


Sabes, no basta con volver a una actitud más adolescente-fuerte-tomadesiciones.

Sed pues como niños (ja eso no lo dije yo claro):

Mi sobrino es feliz con una buena peli y comiendo dulces mientras tanto, se enoja con sus hermanos tooodos los días y llora y llora.

Y todos los días ríe a carcajadas como ningún otro niño que haya conocido.

Es desicivo.
Las cosas son simples: Sí o No.

Tiene tres años, y obtiene lo que quiere.
Y en caso de no conseguirlo (aparentemente) se da media vuelta, se pierde un rato (5 minutos lo máximo) y luego regresa, te sonríe, te pide una fruta y vuelve a jugar a las luchitas.

Y al final, dice Te Quiero.


Como yo en este coment.

Malu Rengifo dijo...

:) qué lindo tu sobrino!!!! :) y qué lindo tú también n_n

Oye, una pregunta: ¿qué rayos son los gises?

Julio César Serralde Ávila dijo...

jajajaja tizas!



Mua

Natassha dijo...

Simon que? Chama que novelero ese nombre