lunes, 2 de febrero de 2009

2-F: albedrío laboral.


Hoy no hubo trabajo por decreto presidencial. La nota de prensa que leí (y que misteriosamente era igual en muchos de los diarios del país) decía algo así como que el que trabajara hoy iba a ser penalizado con tremenda multa, por no hacer una cita textual, cosa que me da flojera.

Bien. La verdad, para ser honesta, es que le agradezco muchísimo al señor presidente que haya hecho ese decreto. Lo que no le agradezco es que me venga a multar si trabajo, porque ¿saben? este fin de semana es mi mercado de diseño y uno de los socios echó el carro (significa que no está trabajando), el otro ya terminó casi toda su parte del trabajo, lo que quiere decir que tengo mucho, pero muchísimo qué hacer, y tomando en cuenta que las cosas en la oficina están fuertecitas, digamos que suficiente tiempo no tengo.

Entonces yo digo, ¿me va a venir a multar el ministerio si trabajo aquí en mi casa el día de hoy? porque bastante que tengo pendiente por coser, y no me he podido poner a dar una sola puntada por miedo a que la multa me salga más cara que la ganancia neta del evento del fin de semana, y si a ver vamos está bien, que es día feriado y que puedo no ir a trabajar a la oficina, pero al menos tengo derecho yo, como dueña de mi propia nanoempresa, a decidir si ponerme a producir Monstruos Chicos o no.

¿Tienen derecho las sanciones pecuniarias a coartar el libre albedrío?, o en caso contrario, ¿tienen derecho empresas como Globovisión a exigirles a sus empleados la asistencia al lugar de trabajo en un día que, independientemente de los motivos, fue declarado por el gobierno como día feriado? La segunda pregunta me parece aún más importante en este momento, porque ahora que lo pienso, esa gente que fue a trabajar el día de hoy puede exigir el pago de su día doble, como es el caso de los que rabajan los domingos, pero eso sería una aceptación del decreto, y por ende una traición al patrono opositor que considera que el 2 de febrero no tiene nada de célebre.

Debo acotar que en este texto no estoy manifestando mi apoyo a ninguna de las dos posturas, sino mi inquietud ante el dilema, que verdaderamente es mucho más profundo del que yo misma me puedo imaginar. Como les dije, no fui a trabajar a la oficina el día de hoy. Anoche hablé con mi jefe y él no estaba enterado de nada de lo del decreto, así que me dijo "mañana vemos, Malu, déjame hablar con los muchachos (otros jefes), y te aviso" y con un deseo de buenas noches se despidió. Yo hoy me levaté temprano como todos los días laborales, pero afortunadamente mi jefe me escribió un sms antes de que tomara rumbo a la oficina y me pude quedar tranquila en casa para coser. Sin embargo la posibilidad de tener que trabajar estaba allí presente, y de haber sido así, habría ido a la oficina como todos los días, no sin darme cuenta de aquel asunto del libre albedrío que, tal como ésto del trabajo multado, habría pisoteado mi capacidad de elegir qué demonios hacer con mi vida en un día que, inesperadamente, se convirtió en nuestro por encima de cualquier ideología política, de síes y noes y de colores que ultimamente se han unificado para luchar desde dos polos vestidos con el mismo color rojo.

No hay comentarios: