lunes, 16 de febrero de 2009

Imaginarium





Se sentó en la silla con su frappé de Nestea y jugó a dibujarte como un holograma sentado frente a ella, asegurándose de poner epecial atención en recordar tus texuras. De nada sirvió, una insolente voz interrumpió el ejercicio eliminando por completo cualquier posibilidad de materialización mágica con el pretexto amargo de necesitar la silla vacía. Ella, que ya estaba acostumbrada a la inocente imprudencia de los mortales, levantó la mirada lívida, asintió con la cabeza al delgado estudiante cuya mano, apoyada sobre el lugar de la silla donde debería descansar tu omóplato izquierdo, era casi tan despreciable como el hecho de haber roto un ritual de visualización mágica, y, una vez que entendió que ese intento tampoco había sido el definitivo, tomando el bolsito azul con una mano, y el Nestea con la otra, se puso de pie, intentando rehacer el recorrido que, en alguna lejana ocasión, hicieron juntos teniendo como última estación una pequeña conversa con galletas en el restaurancito de los carteles amarillos. Tú tenías una franela anaranjada, ella, el cabello suelto y la mirada encendida.



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