viernes, 15 de octubre de 2010

Mi encuentro con Vargas Llosa

Natassha me había prestado un libro, La tía Julia y el escribidor.Yo soy buena lectora, y además también soy una buena devolvedora de libros prestados, pero ese libro fue un caso especial: ni lo leí, ni lo devolví. De hecho, podría segurar que no hice el más mínmo esfuerzo por leerme ni la contraportada, cosa que ya es decir demasiado para mí, pero el caso fue así, y quizá por eso don Mario me castigó.

 No le crean la cara de yo no fui. Ese señor mínimo fue abducido por los extraterrestres.

Habían pasado unos seis meses desde que mi amiga me había prestado el libro, cuando el que para entonces era mi pareja me llamó por teléfono para contarme emocionado que el famosísimo escritor Mario Vargas Llosa visitaría la librería donde él trabajaba el sábado de esa semana. Como Natassha es mi gran amiga literaria (tengo muchas amigas que leen, pero mis conversaciones de la vida cotidiana con Nati siempre están llenas de citas y analogías con escritores) la llamé corriendo para contarle la noticia, y ella, que es famosa entre sus amigos por el simple hecho de que no se le escapa una, me contestó que le parecía que era una buena oportunidad para que me diera la tarea de devolverle el libro que le debía, y que si se lo daba autografiado, mejor.

Total que de zopetón me vi en la obligación de ir a ver a la superestrella de la literatura, ya no por farandulería ni admiración (cabe destacar que hasta el sol de hoy no me he leído ni un solo libro de ese señor) sino porque me sentía en deuda con mi amiga, y si hay alg que yo respeto es eso, las deudas con l@s amig@s, de manera que ese sábado me lancé en una travesía para el trasnocho cultural, con mi libro bajo el brazo, esperando tener la oprtunidad de cumplir con la misión que me había puesto Natassha.

Desde que puse el primer pie en el lugar, todo comenzó a fluir de la más carrasposa manera. Don Mario estaba rodeado de muchísima gente muy bien acomodada, entre la que mis jeans y mi franela me hacían blanco de miradas que bien habrían podido estar dirigidas a Panchito Mandefuá. Caminé entre ellos, tratando de no chocar con nadie, hasta que me encontré con el señor Mario y, con mi voz de comiquita andante, le dije: "Señor Mario, ¿me podría usted firmar un libro?". Listo. Lo mismo habría podido mentarle la madre y su reacción habría sido exactamente igual. Me miró desde allá arribota, donde está él (yo soy estatura promedio-baja y él es bastante alto) y me dijo secamente "Niña, le parece a usted que yo estoy aquí para firmar libros?". Así fue, lo puedo jurar.

Entre tanto, el bondadoso gorila (que no por bondadoso deja de ser un gorila) que se encontraba con él se apiadó de mí y me dijo que el viejo estaría dando una charla acerca de su último libro (días después me enteré de que la charla podría haberse llamado "Cómo despotricar del gobierno venezolano con más prosopopeya"), que luego habría un brindis, y finalmente estaría en la librería para firmar algunos libros, con lo que me quedé tranquila de saber que habría momento para pedir el autógrafo y me fui a la librería a contarle a todos que ya había logrado ver al escritor.

La espera fue larga, larguísima. Luego del fulano brindis, Vargas Llosa se fue a su habitación del hotel a descansar de haber hablado tanta paja todo el trajín que había tenido en el día. Mientras tanto yo me mantenía esperando paciente, con el libro de Natassha metidito en la cartera y muchísimas ganas de hacer pipí. A la media hora no aguantaba más y tuve que salir corriendo al baño sin imaginarme que cuando regresara encontraría la librería cerrada, prácticamente vacía, y al gorilón de los mil demonios parado en la puerta impidiendo la entrada de ningún visitante.

Miré al gorilón y miré hacia adentro de la librería, a través de sus paredes de vidrio. Adentro estaban la dueña del local, dos dependientas que alguna vez gozaron de mi simpatía, el chico que para entonces era mi pareja, tres o cuatro incautos lectores, probablemente asiduos visitantes del lugar, y el maravillosísimo escritor del coñoelamadre, que había puesto como condición para entrar a la librería el que no se dejara pasar a nadie mientras él estuviera adentro. Eso me lo dijo el gorilón, así que debe ser verdad. Además la puerta estaba asegurada con llave y el letrerito decía CE-RRA-DO. Bueno, decía simplemente cerrado, pero para mí fue como si me lo hubieran gritado.

Traté de razonar con el gorilón y me dijo que sólo podía dejarme entrar si yo trabajaba en la librería, cosa que evidentemente no era así porque ya me había visto cambimbeando por todo el centro comercial. Yo le dije que mi novio trabajaba ahí, que mire, tengo conmigo un libro y que quiero que el señor Vargas Llosa me lo firme para mi amiga. Le inventé que mi amiga estaba hospitalizada, que no había podido venir, le dije que era muy importante para mí, que el mayor sueño de ella era conocer al canosísimo escritor, y blablablablablabla... Nada, no funcionó. Le hice señas a mi chico para que tratara de dejarme pasar, me negó con la cabeza y luego se acercó para decirme por una rendijita que no, que estaba prohibido dejar pasar a nadie y que será para la próxima (QUÉ BOLAS!).

Pero resulta que yo a veces puedo ser incansable, y ese día estaba con la incansabilidad a diez mil, de modo que me quedé parada en la puerta de la librería esperando a que el señor saliera para firmarme el libro, mientras adentro la dueña de la librería le hacía escribir su nombre en el interior de montones de ellos, creo que para venderlos luego con el atractivo de que estaban firmados por el autor.

Poco a poco, por alguna razón, mucha gente se fue arremolinando alrededor de mi pequeña figura parada frente a la puerta de la librería. Yo ya estaba distraída y no me había dado cuenta de que Vargas Llosa estaba a punto de salir hasta que sentí el carajazo de la puerta de virio contra mi frente. Levanté la mirada y lo tenía a él ahí, justo frente a mí, tratando de salir, pero yo lo tenía bloqueado. Me arrimé sólo un poquito y él pudo terminar de salir, fue entonces cuando le pedí que me firmara el libro para mi amiga hospitalizada y él pareció apiadarse de mí. Si hubiera tenido una cámara fotográfica para retratarlo justo en el momento en el que puso sus ojos sobre el raído libro, le habría tomado la foto que habría hecho famosa entra sus detractores ahora que le dieron el premio Nobel... !!!Vaya señor tan maleducado, por el amor de dios!!! ¡¡puso cara de que estuviera viendo un pedazo de mojón de gato!!

Pero pensé que todo quedaría en eso, sólo un gesto, cuando de pronto, vino lo peor: "¡Pero qué molesto! ¿usted me persigue para la estupidez de que le firme un libro, y me entrega esta porquería?"... silencio sepulcral de 2 segundos... Lo miré, le puse la cara de culo más grande que me salió en ese momento y le dije "Sí, ¿y? ¿acaso cree que voy a perder mi plata en comprarle un libro nuevo para que me lo firme?"...

...Y no sé si es que yo tenía mal aliento o que de verdad soné amenazadora, pero el viejo firmó el libro y me lo dio tan rápido como pudo, para luego marcharse entre su multitud de fanáticos bien vestidos...

Así sucedió todo. Luego de eso le di el libro a Nati y ella en mi cumpleaños me regaló oooootro libro escrito por ese mismo señor. Actualmente lo tengo guardado en mi estante como recuerdo de ese cumpleaños en el que la pasé tan bien, pero aún no lo he leído, y no creo que lo haga alguna vez.



Nota: en el original de este texto puse que el libro que me regaló N. en mi cumpleaños fue uno de Saramago, gazapo tremendamente imperdonable para mí. Hice la corrección, y ahora estoy confundida. Revisé mi biblioteca y los libros de Vargas Llosa y de Saramago que tengo, ninguno tiene dedicatoria, así que me volví un desastre y ya no sé cuál carrizo fue el libro que me regaló mi amiga, pero ese es otro cuento, así que...

jueves, 14 de octubre de 2010

La vida continúa (porque no hubo apagón)

¿Te parece que mi título es cliché? pues a mí me parece un título muy lindo y apropiado. El fresquito de la dicha de vivir me sopló esta mañana, y creo que lo estaré disfrutando por un par de días más hasta que vuelva a mi habitual estado de monstruosidad irreparable.

La cosa fue así: hay paro en mi universidad. Los trabajadores, profesores, estudiantes, obreros, las orugas de las palmeras, las guacamayas y las nubes de Calder están recorriendo la ciudad reclamando que si esto que si aquello, cosas que tienen validez, pero que a mí me saben a chicle masticado por camello al momento de ponerlas en una balanza compitiendo con mis ganas de ver clases, y punto. ¿Egoísta? sí, bastante,. pero soy un ser humano, y por encima de eso, una monstrua. He dicho.

El punto es que hay paro desde hace tiempo. ¿Recuerdas que el lunes escribí que no había tenido clases? Bueno, la cosa continuó así, entre la lucha gremial y mi arrechera desazón, de modo que ayer miércoles, luego del gran embarque que me eché con mi no-clase de la mañana, procedí diligentemente a pagarle el recibo de la luz a mi mamá, no sin antes rezarle todito el camino a San Pancracio y a los mineros chilenos porque no le hubieran cortado el servicio a mi hipersensible progenitora, de modo que mi psique se encontrara a salvo de las ondas sísmicas de la ira que brotan de sus tripas cuando pasan cosas como que le cortaron la luz porque a ella se le olvidó pagarla, luego me echó el carro pidió el favor a mí de que lo hiciera, y a mí también se me olvidó. Total que, por transitividad, el ganso muerto termina siendo mío.

Llegué sudando frío a la oficina de "Aquí se paga la electricidad" y una señora tan diligente como yo lo soy en la limpeza de mi cuarto (JA!) me atendió, me crobró y me preguntó mu amistosamente cuántos paquetes de velas había gastado ya, a lo que yo le contesté con un leve quejido de dolor y un hasta luego tras el cual lo único que hice fue ver pasar por mi mente las imágenes de lo que había sido mi vida hasta ese momento, con la certeza de que mi mamá llegaría de viaje, conseguiría la nevera llena de plátanos pelúos y trozos de queso hediondo y verde, y se dispondría, de ahí en adelante, a hacerme la vida tiritas de papel tualé remojado, hasta que consiguiera algo más entretenido por hacer.


Esta mañana llegó la llamada. Miré el teléfono con la tenebrosa y titilante palabra Mamá sacudiéndome la glándula de la angustia. Dudé en contestar, pero, en vista de la inminente llegada del horror, me entregué en sacrificio a los dioses, a San Pancracio y a los mineros chilenos, y lo hice. La conversación fue más o menos esta:
-Hola, mamá
-hola, Maluchi, ¿cómo está todo? ¿estás ocupada?
-eeehhmm.. todo bien, no... bueno, sí... ¿y tú? ¿ya llegaste a la casa?
-sí, hijita. ¿Pagaste la luz?

(Oh, por dios! ahí viene! ¿qué le digo, qué le digo?)

-Sí, mama, yo la pagué el día que me dijiste que la pagara...


(ponle a todas las letras chiquitas mi cara de angustia y tendrásn una idea bastante cercana a lo que fue el momento en vivo y directo)

-Ay, gracias, hijita, fíjate que estuvieron a punto de cortarla, aquí tengo el aviso, menos mal que no pasó, qué bueno. Bueno, te quiero, te pago cuando te vea, un beso, gracias por el favor, chaooooo....

(tuuuuuuu, tuuuuu, tuuuuuu, tuuuu....)

Y cuenta la historia que los querubines bajaron del cielo flotando en un haz de luz y me rodearon con cánticos de paz y prosperidad.

La vida continúa, y es bonita. Después de todo, nada malo me puede suceder, siempre y cuando mi mamá tenga luz en su casa y no se le empichaque la nevera por su mi culpa.

martes, 12 de octubre de 2010

1010101010

¿Será manía venezolana o a toda la gente del mundo le da por asumir

que cuando las fechas dan un número curioso nos vamos a morir todos?

El 10.10.10, a las 10:10, yo estaba aquí, jurungando cositas en internet, y el mundo no se acabó.
Mi mamá me llamó desde La Gran Sabana para decirme "hija, hoy voy a dormir en un tepuy, ¿oiste? porfa el lunes págame el recibo de luz de la casa, que se me olvidó y me la van a cortar. ¡Ah! y si no logro regresar nunca de aquí dile a todo el mundo que lo quise mucho". De modo que asumí que tal como pasó cuando el Y2K, ella también había entrado en pánico por los posibles unos y ceros radioactivos que nos caerían encima en esta fecha binaria. Le dije que sí, que yo pago la luz, que ok, que todo el mundo y yo también la queremos y que me trajera algo bonito. Me dijo que no tenía dinero, colgamos y ya.

Hoy es 12 de octubre. No he salido de mi casa desde que hablé con mi mamá porque el lunes hubo paro en la universidad y hoy todo está cerrado en mi país, de modo que lo de la luz, que pienso pagar mañana sin falta, se dibuja como una posible causa de cataclismo familiar. Me explico: no pagué la luz el lunes (léase deadline), mi mamá es impredecible y lo mismo llega de la Gran Sabana en cinco minutos a Guatire, encontrando la nevera descongelada y piche por el corte de luz, me llama por teléfono, me insulta, me restriega lo muy horripantosamente perversa hija que soy, me da taquicardia, disnea, ansiedad, cuelgo, me vuelve a llamar, me embargan sentimientos de culpa, lloro, cuelgo, llamo a mi papá para desahogarme, me dice que me tranquilice, que esa es mi mamá y que la tengo que amar igual, cuelgo, me llama mi hermana preguntándome por qué carrizo se me olvidó pagarle la luz a mi mamá, hablo con ella, nos gritamos mutuamente, colgamos, me llaman de E.E.U.U., es mi abuela diciéndome que nunca se habría imaginado que yo sería capaz de hacer algo tam horroroso como no pagarle el recibo de la luz a mi mamá a tiempo para que no se la cortaran. Que seguro lo hice a propósito para que se le pudriera el pedacito de queso blanco que tiene en la nevera junto a la media rama de cebollín y el guarapo de papelón de hace dos semanas cuando se fue a la Gran Sabana, dice también que está indignada y que ya no soy más su nieta, me cuelga, lloro, hablo con mi mamá, le pido disculpas, me dice que ok, que los hijos son así de ingratos, que yo igual siempre podré contar con ella y así sigue la cosa por un par de días más hasta que mi prima o mi hermana, ponen la cagada con la familia por alguna otra zoquetada y entonces toda la atención que tenían puesta sobre mí se desvía hacie una de ellas.
Uff, qué alivio.
...Y qué bueno que no se acabó el mundo antes de que estrenen la primera parte de Harry Potter 7...

Aunque todavía la cosa está en veremos y puede que me traiga un poco de apocalipsis este 101010.

viernes, 8 de octubre de 2010

El misterioso caso de la overlock del mal

En mis post escritos bajo la etiqueta "recetarios del pelabola", he dejado claro, clarito, diría yo, lo muy pelando bolas que suelo estar, y en este otro post también les conté un poco sobre lo acostumbrada que estoy a trabajar en casi cualquier cosa (léase CASI, para ser más exactos). Adicional a eso también está claro que estoy actualmente desempleada y procurando utilizar mis habilidades para la costura en función de adelantar lo máaaaas posible en la universidad antes de comenzar en otro empleo a tiempo completo.

Bueno, ayer hice una inversión que hoy me resulta contradictoria: me compré mi máquina overlock =)... y sí, bueno, hice el gasto (tampoco fue mucho) porque con ella puedo hacer trajes de baño (ya los hacía con la máquina vieja, pero quedaban muy artesanales y a las sifris no les gusta eso), pueo dar terminaciones más prolijas, cose y corta al mismo tiempo, así que todo queda derechito, y bla, bla, bla, bla....

Ahora el problema es: mi nueva máquina utiliza CUATRO carretes de hilo al mismo tiempo, lo que cuadriplica el gasto en hilos para la confección de mis piezas =(... Hoy gasté en hilos un tercio de lo que cobré por la mano de obra en la costura de un vestido y eso no me parece rentable.

En fin, que tendré que ver cómo hago para que la media hora que paso enhebrándola y el montón de dinero que gasto en hilos no me dejen en la bancarrota... Qué fastidio, justo ahora estoy viendo con rencor a mi overlock, y eso no estaba en mis planes, yo de verdad deseaba tenerle cariño.

NOTA: el primer párrafo sobra, lo sé. Es pura publicidad subliminal =)

martes, 5 de octubre de 2010

Voyeur blogger

Para mí, a excepción de los blogs temáticos que hablan de moda, de ciencia, de cine, etc, todos los demás blogs, incluyendo Monstruos bajo la cama, son como un diario íntimo escrito por una persona que hace de su propia vida un reality. Claro, no cualquier reality, por lo general son relitys finos, bonitos, de gente sensible e interesante, y también hay un poco de voyeurismo, de ver la vida de otra persona extraña por una hendija en la web y reconocerse un poco.



El asunto es que a veces, cuando veo la cosita que cuenta las visitas de este blog y sé que ha aumentado bastante en los últimnos días, me siento bien, contenta, como que hay gente a la que le interesa saber qué carrizo escribo y qué pienso, y qué pasa con mi vida. Otras veces, cuando no aumenta nada, me da cosita, me siento hasta ridícula escribiendo cosas sin importancia aquí, esprando a que alguien las quiera leer, y supongo que así le pasará a muchos bloggeros... o quizás no.... es probable que simplemente hoy esté un poquito emo.

Taller de redacción

Ella faltó a la primera clase, yo a la segunda. A la tercera llegué tarde por estar cosiendo malabares con mi amiga Luba, y así, sudorosa como estaba, habiendo corrido desde la torre La Previsora hasta la Universidad Central, llena de metro, de calle y de lluvia, me asomé por una hendija entre las puertas, esperando el ceño fruncido que me indicaría con reproche que pasara en silencio y firmara la lista, en el mejor de los casos. Por ello fue tan grato descubrir que aún dios me quiere, a través de la mirada cándida de un delgado y serio rostro cuyos ojos delataban la expresión de esa gente que ha sido hipnotizada por Cortázar.

Le dije buenas noches y en seguida me preguntó si yo era Maria Luisa Rengifo. La corregí, le dije que mi nombre es Lucía (una mis tantas identidades) y me invitó a pasar con ligereza. Caminé hasta la primera fila, advirtiendo que sólo habíamos seis personas dentro del salón preparado para unas cuarenta. Abrí mi carpeta de apuntes mientras ella continuaba el curso regular de la clase y en seguida noté que era primera vez que daba clases. Quizá me equivoco, aún no lo sé.

Nos habló de la coherencia de género y cantidad por un pequeño rato. La calor, las niña, y otras cosas por el estilo. Estaba corrigiendo un ejercicio de la semana anterior que yo no había presentado por estar en cama sudando una fiebre tropical (mentira), pero presté atención para ponerme al día y pude ver que ella, mientras hablaba, sudaba, tartamudeaba y se reía con nerviosismo, sin dejar por un momento de transpirar literatura por la piel, por el pelo, por las uñas.

Terminó de corregir y nos pidió leer la guía junto a ella, y no me sorprendió encontrarme, al bajar la mirada hacia el breve puñado de hojas, con una selección de textos cortos de nuestro querido cronopio mayor. "Tengo demasiado ojo", pensé, y leí mentalmente mientras ella nos leía a todos en voz alta. De vez en cuando levanté la vista para notar que sonreía durante la lectura, y lo demás fluyó como puede fluir cualquier clase dictada por un buen profesor.

Hicimos la práctica de rutina, que me será entregada mañana con su respectiva nota, espero que sea buena. Es una tontería, un remake de la historia de un mueble que escribí hace algún tiempo en este mismo blog. Para las próximas usaré algún tema nuevo, lo prometo. Lo importante es que estoy en la uni de nuevo, y que estoy contenta, y que aún no tengo amig@s, pero sí tres profesoras que me gustan mucho, una de las cuales, además, me parece interesantísima y genial.