martes, 5 de octubre de 2010

Taller de redacción

Ella faltó a la primera clase, yo a la segunda. A la tercera llegué tarde por estar cosiendo malabares con mi amiga Luba, y así, sudorosa como estaba, habiendo corrido desde la torre La Previsora hasta la Universidad Central, llena de metro, de calle y de lluvia, me asomé por una hendija entre las puertas, esperando el ceño fruncido que me indicaría con reproche que pasara en silencio y firmara la lista, en el mejor de los casos. Por ello fue tan grato descubrir que aún dios me quiere, a través de la mirada cándida de un delgado y serio rostro cuyos ojos delataban la expresión de esa gente que ha sido hipnotizada por Cortázar.

Le dije buenas noches y en seguida me preguntó si yo era Maria Luisa Rengifo. La corregí, le dije que mi nombre es Lucía (una mis tantas identidades) y me invitó a pasar con ligereza. Caminé hasta la primera fila, advirtiendo que sólo habíamos seis personas dentro del salón preparado para unas cuarenta. Abrí mi carpeta de apuntes mientras ella continuaba el curso regular de la clase y en seguida noté que era primera vez que daba clases. Quizá me equivoco, aún no lo sé.

Nos habló de la coherencia de género y cantidad por un pequeño rato. La calor, las niña, y otras cosas por el estilo. Estaba corrigiendo un ejercicio de la semana anterior que yo no había presentado por estar en cama sudando una fiebre tropical (mentira), pero presté atención para ponerme al día y pude ver que ella, mientras hablaba, sudaba, tartamudeaba y se reía con nerviosismo, sin dejar por un momento de transpirar literatura por la piel, por el pelo, por las uñas.

Terminó de corregir y nos pidió leer la guía junto a ella, y no me sorprendió encontrarme, al bajar la mirada hacia el breve puñado de hojas, con una selección de textos cortos de nuestro querido cronopio mayor. "Tengo demasiado ojo", pensé, y leí mentalmente mientras ella nos leía a todos en voz alta. De vez en cuando levanté la vista para notar que sonreía durante la lectura, y lo demás fluyó como puede fluir cualquier clase dictada por un buen profesor.

Hicimos la práctica de rutina, que me será entregada mañana con su respectiva nota, espero que sea buena. Es una tontería, un remake de la historia de un mueble que escribí hace algún tiempo en este mismo blog. Para las próximas usaré algún tema nuevo, lo prometo. Lo importante es que estoy en la uni de nuevo, y que estoy contenta, y que aún no tengo amig@s, pero sí tres profesoras que me gustan mucho, una de las cuales, además, me parece interesantísima y genial.

1 comentario:

Marietta dijo...

me contento contigo, me hace feliz saber que estás feliz... y además, con respecto al post de arriba, a mí me gusta leerte, incluso cuando estás emo. beso.