jueves, 27 de enero de 2011

Divagaciones para Miguel Henrique Otero

"Qué simbólico", pensé al leer su dedicatoria cuando comencé a leer la novela que probablemente en pocas horas termine. Ya sabía yo más o menos de qué trataba la historia antes de comenzarla, y las palabras (no textuales porque el libro está allá, en el cuarto de mi hermana, y yo un piso más abajo y no lo quiero ir a buscar) "A Miguel Henrique Otero, mi hijo", me dieron cuatro vueltas en la mente antes de recostarse de forma suave y tranquila (como lo haría Chimó, el perro de mi padre) sobre las paredes de mi diminuto imaginario.

A ver, las sencillas referencias que tengo del padre son: Marxista, miembro de la Generación del 28, amigo de García Márquez, fundador de El Nacional y gran narrador. Las pobres referencias que tengo del hijo son: director de El Nacional, manipulador, falta de respeto, defensor de los intereses de unos pocos (sí, ustedes, no crean que no los estoy mirando), bicho de uña muy hábil moldeando la información a su antojo, etc, etc, etc (aunque escribir esto me pueda costar unas cuantas amistades).

Ya hacía unos meses había pensado en ellos dos cuando leí, de la pluma de Benedetti, Gracias por el fuego, novela que trata la historia de un padre inescrupuloso, dueño de uno de esos monstruos que unos llaman Gran Prensa, y su tormentosa relación con un hijo un poco atormentado por las marramucias de su padre. Sé que en el caso de estos venezolanos a los que cito la cosa está invertida, digo, en lo de los roles del bueno y del malo, y del blablabla, pero el punto es que pensé en ellos, y bueno, yo pienso en ellos muy seguido, sí, en los dos, no sé por qué, pero lo hago.

La cosa es que esta dedicatoria me pareció un tanto horrible. Yo tenía dengue, estaba fastidiada de leer los textos que tengo pendientes para la uni y alargué la mano a la pilita de "Por leers" que siempre tengo porái. El ganador por sorteo fue Cuando quiero llorar no lloro, de Miguel Otero Silva, de quien ya todos conocemos al menos una breve biografía. El punto es que sí, bueno, la novela se la dedica a su hijo, y esto me sacudió un poco, porque aunque sea lo que llaman ahora un spoiler, tengo que decir que uno no le dedica a un hijo una novela que narra la muerte de tres muchachos de su misma edad.

Y peco, como siempre, de superficial con esta nota, porque no tengo intención de decir nada con ella (aunque aproveche para manifestar mi antipatía a Don Miguel Henrique), pero es curioso, pues, muy curioso. Por un momento no logro separarme de mis posturas ante ambos personajes y se me ocurre que Don Miguel padre quiso dejarle algo dicho a Don Miguel hijo. Un llamado de atención, quizá, no sé, vainas mías.

Investigando al respecto encontré este texto, que no es más que una reseña hecha en el 98' por una columnista del mismo diario del que ya hablé más arriba acerca de la novela de los tres Victorino. Pero como no se permite el corta y pega me tomé la atribución de hacer un verdadero corta y pega digital, con todo y tijerita de paint, para mostrar acá un parrafito que me llamó la atención:


Y yo no quiero parecer intransigente, no, pero, señor Miguel Henrique, mire, yo he leído muchísimo menos que usté en esta vida, yo nunca he salido de mi pequeño país, yo no me he graduado nunca de nada, pero la cabeza me da como para calificar de maravillosa esa "cosa de los romanos" que según usted yo no voy a entender, y que se llama "Prólogo cristiano con abominables interrupciones de un emperador romano". Es más, la cabeza me da incluso para pensar en la posible explicación literaria que le dio su papá cuando le preguntó usted por ella, y podría poner mis manos en el fuego al apostar por que seguramente su intención no fue únicamente estética, sino que se necesitaba de esa primera parte para dibujar la figura del mártir en honor al cual los tres personajes tienen ese nombre.

Mire, señor Otero, dice esa misma reseña (cuyo link me preocupé en colocar para que se sepa de qué estoy hablando) que su papá lloró muy poco, y que nunca lo hizo sin motivo. Yo le digo algo ahora a usted (con el perdón de la familia y ofreciendo mis disculpas si sienten que les falto el respeto): léase a su papá, ande, reléalo y léalo entre líneas, ¿sí?, haga un esfuerzo, piense un poquito, Siéntese una mañana de estas a comerse un plato de confleis mientras lo lee, ande, a ver si se da cuenta de lo importante que es su papel en el desarrollo de nuestro país y la gran torta que desde hace ya demasiados años está poniendo. Siga mi consejo, ande, que de tanto aguantar allá en el cielo, yo creo que su papá ya no puede con las ganas de llorar.

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