miércoles, 2 de febrero de 2011

En palabras de mi padre

Estamos sentados uno frente al otro. Él fumando su tabaco en un taquito de bambú, meneando un wisky modesto con hielo, bien servido por mí. Yo simplemente sentada en mi silla de cardón, contemplando un punto en el infinito, que en ese momento se encuentra ubicado en la sobada  pared de camento que define la frontera sur de la casa delante mí. De pronto dice:

"Dejé de creer en dios cuando, una noche en la que estuve muy enfermo, con una tos terrible, le pedí, le supliqué que me quitara la tos, y le dije: dios mío, no me quites el dolor, sólo permite que deje de toser para que mi mamá, que trabaja tan duro cada día, no se levante y venga a velar por mí. Quítame esta tos para que ella pueda dormir tranquila. En ese momento escuché sus pasos, los de ella, caminando hacia mi cuarto preocupada, y supe que él no existía."

No digo nada, aparto la vista del infinito y la apoyo sobre él, que no me mira, y que encontró su propio infinito en la esquinita de una ventana pequeña sellada con vidrio, más bien una claraboya rectangular mucho más alta que angosta, justo sobre el borde de su marco marrón. Y continúa:

"...y dejé de creer en el diablo poco tiempo después, cuando un día en el que tuve muchas ganas de volar me subí a una azotea y le dije a Lucifer: te vendo mi alma, toda, completa. Puedes llevártela ahora mismo, sólo a cambio de que me ayudes a volar esta tarde, y salté de la azotea, seguro de que el precio que ofrecía era bastante razonable por semejante favor. Por supuesto, me caí. Y me dolió mucho."

Sonrío levemente, aún en silencio, y él me mira a los ojos con su gesto sereno de doctor House. Entiendo que es todo lo que tiene que decir. Me pongo de pie con un ademán mecánico que consiste en empujarme las rodillas con las manos como para tomar impulso, y me voy. Tengo algunas cosas que pensar esta tarde.

(Psssst!: la foto es mía =D)

4 comentarios:

Jess dijo...

*_* snif

Malú Rengifo dijo...

Queridísima Jess, gracias por visitarme =)
Sí, mi papá suele tener ese efecto en las personas, ejejejejej...

Le Corvo Mecanique dijo...

Supongo que tu padre era un niño para cuando se percató de la no existencia de Dios. Aunque sus argumentos no fueron tan poderosos, muy bien por él. Yo tardé mucho más, muchísimo más, en darme cuenta.

Me ha encantado esta crónica.

Anónimo dijo...

Bello testimonio, Malú. Espero que estos escritos sean el inicio de una serie, una recopilación de pensamientos de tu padre.

Luis Yslas