lunes, 7 de febrero de 2011

Memori(z)a y (re)cuenta

Esta semana le trajo cinco días de tortura intelectual-académica, matizada con breves momentos de entretenimiento y muchas horas de lucha contra su adicción: el facebook. Una nueva amiga con cara de que no será su amiga en unos meses (lo intuye, no sabe por qué), un trabajo en equipo con una amiga con la que desde hace siete años ha compartido raras veces (pero que sí tiene cara de que le durará mucho tiempo), una tarde de marmoteo viendo limpiar un cuarto a par de geniales personalidades de su mundo monstruoso (le dio flojera ayudar, pero limpió el ventilador); una sesión de galería, la transmisión de un capítulo nuevo de "Las escaleras del CELARG", (en el que la muchacha estaba con un muchacho amigo suyo esperando a la amiga de la muchacha a que saliera del curso, y en eso se encontró con la segunda muchacha y el segundo muchacho. La segunda muchacha y el segundo muchacho a su vez se conocían entre sí, y además conocían a la amiga de la muchacha y cuando la amiga de la muchacha saliò del curso con otra amiga desconocida, todos se presentaron unos a otros y se besuquearon las caras hasta que se aburrieron y se fueron divididos en dos grupos, dos bandos diferentes, pero todos de los buenos), una comilona china, una nueva conocida amiga de la amiga de la muchacha de la serie, una madrugada de pijamada en lugar del sueño que se había prometido, un despertar de mediodía, un plantón de una amiga, una tarde, noche y madrugada sola en su casa disfrutando de cualquier cosa (lo que incluye una peli de los Cohen, muchas conversaciones, un poco de musiquita, un cambo de look y dos niveles más en su juego de internet).
Este fin de semana le trajo una octavita de reunión de egresados a la cual asistieron los mismos cinco gatos, más dos gratos aparecidos que llegaron bastante entrada la noche. Hubo parrilla, jamón, queso y guarapita (y la aparecida brindó unas sangrías). Y chisme por mamonazo, y chalequeo, y chistes de semi borracho. Incluso la aparecida hizo una sesión de Santa Claus, y para no pasar desapercibido el aparecido apareció montado en una gandola, y hablaron y hablaron y hablaron más. Y a uno lo fue a buscar la policía-novia, y lodos le comieron las costillas cuando se fue.
Este fin de semana fue tan perfecto, que ella no tuvo tiempo para extrañar a nadie. Somos todos los que estamos y estamos todos los que somos, fue el lema. Y el corte de cabello autogestionado le quedó precioso.

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