sábado, 14 de mayo de 2011

Entre dos aguas


Sucede que vivo como en una licuadora llena de avena Quaker y bolitas de fibra óptica, en una constante lucha entre lo real y lo virtual, entre ser Malú y ser La Monstrua, entre conversar durante horas sobre cualquier cosa con un grupo de amigos o venir a este lugar tranquilo que es mi blog, a contarles algunas cosas a unos cuantos lectores de rostros desconocidos.

Esa lucha entre lo real y lo virtual es una de las características de la postmodernidad. Y yo, claro, (como seguramente tú también, lector) soy muy postmoderna.

Hace poco leí un artículo que hablaba de lo mucho que se esfuerzan las personas en hacer que sus vidas parezcan perfectas a través de su facebook. Ponen fotos hermosas en lugares hermosos con personas hermosas y trajes maravillosos, pero jamás una foto cagando, o haciendo una cola de cuatro horas bajo un sol implacable en el Parque del Este para sacarse la cédula de identidad. Así que la realidad de nuestro facebook es virtual. Felizmente virtual. A tu avatar de facebook no se le pone un nudo en la garganta cuando se entera de cosas que no le gustan, ni le salen arrugas, ni se desconcha por una insolación. Y no me escapo de eso: a mi avatar de blogger no se le explota la bomba de chicle hasta empegostarle las cejas.

No puedo con eso, no. Yo no soy un alien. La realidad es que mi vida es muy normal. Que a mí también se me amoratan pedazos del cuerpo (como la uña del dedo gordo que DOS personas me pisaron hoy en la calle) y del corazón (sí, también digo cursilerías), que algunas veces saco muy malas notas en la universidad (y otras veces ni siquiera saco nota alguna) y que tengo miedo, muchísimo miedo casi siempre de muchas cosas estúpidas como morirme de sopetón. Siempre tengo miedo y quizá siempre lo tenga. Lo único es que hay que tirar pa'lante y procurar que todo vaya siempre en paz. Porque si algo valoro en este mundo es mi propia paz, y mi alegría. Me gusta la alegría.

En fin, que no sé cómo no vivir una vida virtual cuando debo admitir que este blog es mi lugar de respiro.

Si algún día me convierto en amish me haré famosa entre mi comunidad por vender calcomanías para las carrozas que digan "Postmodernas tu nalgas, chico."

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