martes, 28 de junio de 2011

Neoleyendas urbanas: Capítulo uno: El amolador. (Y un breve recuerdo de Lila Morillo)


FIIIIUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!

(onomatopeya del amolador.)

Cuando yo era niña quería uno de esos piticos. Un día en una piñata me salió uno, era de dos colores, fucsia con verde fluorescente, como un resaltador de textos, y era tan cool que mi papá se lo quedó, como hacía cuando le gustaba un juguetito nuestro.

Así que me quedé con la frustración de no tener el pito. Mi vocación de amoladora quedó destruida deste semejante evento. Tosdos mis sueños de ser la primera amoladora mujer del planeta tierra quedaron reducidos a la esperanza de al menos un día ver la rueda girar y las chispitas y la cosa, pero pronto descubrí que todo era un vil engaño de los medios: tal cosa como un hombre que sobla un silbatito curioso y recorre las calles esperando a que alguien le encargue un cuchillo o una tijera o un machete para amolar, definitivamente no existía.

En mi casa hay una tijera que debe datar de 1920, era de mi bisabuelaquedioslatengaensusantagloria, y es la única tijera que ha pasado por las manos del amolador, aunque la única vez que pasó yo no lo vi suceder, pero mi mamá me lo contó. Hoy en día la tijera corta. A los coñazos, pero corta. No cualquier material, pero corta. Deja residuos de óxido por donde quiera que pase, pero corta. Y es una tijera de noventa y un años, pues, que se dicen fácil, pero no lo son. Esa tijera pudo haber cortado la tela con la que se hizo el vestido de la comunión de Lila Morillo, o algo así. Vamos, que en síntesis es burda de vieja (la tijera no, Lila Morillo)

...y la tijera también.

Recuerdo a Lila Morillo porque justamente ayer me desperté a las 4 a.m. para ir a trabajar, y mientras me preparaba el desayuno comencé a cantar como si fuera un hit del momento "Una piedra tiré a un cocotero, tero, tero..." y me cagué. Cualquiera que se despierte a esa hora cantando el cocotero se caga. Así estaré de cansada por la falta de sueño acumulada que cargo que me puse a cantar el cocotero: vaina pa' decadente. Al llegar a la oficina necesitaba contarle mi problema a alguien y se lo conté a un pana que es muy demasiadamente cómico y me convenció de que la única forma de sacarme el cocotero de la cabeza era escuchando la canción completa. Oh, por dios, no debí creerle: ahora me sé estrofas que no me sabía antes y tengo pendiente investigar si el peluquero de la dama en cuestión era el mismo estilista de Popy.

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Y bueno, volvamos al tema del amolador:

Yo nunca he visto al amolador.

...porque, claro, el amolador es uno solo, y es ubicuo.

Y estoy segura de esto último porque en todas partes a donde he ido he sabido de la existencia de un amolador que pasa, toca el pitico y grita siempre con el mismísimo timbre de voz: "eeeeelllaaaamoladoooOOOOrrrrrr!". El MISMO timbre de voz, ¿ok? EL MIIIISSSMO!!!!

En Mérida, Punto Fijo, El Sombrero, San Antonio de los altos, Guatire, Caracas, Calabozo, Puerto La Cruz... en todas partes el amolador grita igualito. Y lo más arrecho es que hoy en día la gente es tan panzoneada que en lugar de decirle al amolador que les amole los cuchillos, van a BECO y compran uno nuevo, que así hay que pensar menos, así que el amolador realmente NUNCA tiene trabajo.

Chamo, yo creo que el amolador es un espanto.

Una versión urbana del silbón, eso es lo que es.

Así que mosca cuando vayas llegando a tu casa rascadísimo un domingo a las nueve de la mañana (hora del amolador) de haberte jalado tres cuartos de botella de ron tu solito, si sientes el silbido del amolador, no voltees!! porque unos ojos rojos y brillantes te hipnotizarán y JUAS!!!! verás las chispas de la piedra amolar el cuchillo con el que lentamente te cortarán el pescuezo.

Y hará morcilla con tu sangre y se la comerá.

Bueno, voy a dormir. La falta de sueño me tiene mal. El síntoma de hoy: síndrome de Tourette.

3 comentarios:

Erika dijo...

jajajajajajaja no puedo con estoooo!

salomon dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Marietta dijo...

Galla, qué bueno!! Hoy mismito en la mañana lo escuché y pensé que aunque lo he escuchado muchas veces nunca lo he visto, así que me asomé a la ventana, pero nada... por lo tanto, creo que tienes razón, es un espanto.