miércoles, 20 de junio de 2012

Volver al ruedo II: los buitres que debemos evitar



En la primera entrega de este serie de post definimos "volver al ruedo" como la acción de dejar atrás tu relación amorosa pasada, terminada, acabada, pisoteada por la infamia del desamor, volada en pedazos por tus propias torpezas o por las de tu ex pareja, y en fin, dejar todo aquello en el pasado para hacer lo que toda dama debe hacer: seguir adelante.
fig. 1

Pero volver al ruedo no es cosa fácil, sobre todo porque no es un acto voluntario. No se trata de que un día te despiertas y decides "oh, bueno, creo que ya estoy lista: es hora de volver al ruedo", no. Estás de regreso desde el momento en que le das la noticia a la verdulera del abasto o a su equivalente encarnado en tu amiga (o) más chismosa (o) de que ya no estás con Aníbal o Susana, y entonces, más vale que te prepares para sortear a las bestias. Quiero decir: al salir de una relación una no siempre está suficientemente preparada para hacer uso de la inteligencia emocional en caso de la llegada de alguien que le caliente la oreja sin mejor intención que la de gozarte un poco. Por ello, y para no caer en manos del primer pelafustán que se antoje de probar tus carnes, más vale que te armes de coraje para dar la contienda con honor.

Cualquier cosa que rompa el equilibrio de tu ruedo sólo podrá llevarte a la infinita putrefacción de tu ya golpeada moral, así que más vale poner los puntos claros: el ruedo es el redondel de la plaza de toros, la arena sobre la cual se enfrenta el torero a la fiera, pero aunque suene muy sexy que te llamen fiera, es importante que cuando entres al ruedo la bestia no seas tú. Tú tienes que ser la torera, lucir como en la fig. 1, torear a las bestias que se te acerquen y sólo prestarle atención a quienes valgan la pena. Suena feo, pero no todo el mundo se acerca con buenas intenciones a una mujer soltera, eso es así.

fig. 2
Imagina que la vida es una plaza de toros: si eres la bestia puede que te encuentres con algún torero torpe y le puedas dar unos cornazos, pero la multitud nunca jamás abogará por ti, a ti te verán como el filete, te llenarán de banderillas que te dolerán (te dirán puta, perra, zorra, cosas estúpidas que la ente estúpida sin derecho a juzarte dice, y que duelen), te harán sufrir y finalmente te matarán para poner tu cabeza de trofeo en el salón del coñísimo de madre que encontró su gloria y su fama de conquistador en tu desdicha, y luego comerán tu carne ensangrentada contándose los momentos más emocionantes de la contienda. Si eres el toro acabarás como en la fig. 2
.
El toro no tiene gloria, por eso no hay que ser él. En cambio, si la torera eres tú (y ojo: en Monstruos bajo la cama rechazamos categóricamente la tauromaquia), te pondrás un hermoso traje de luces, y con la frente muy en alto saldrás a torear a cuanta bestia salvaje te pase por delante hasta que llegue alguien digno de no ser llamado bestia y puedas hacerte su amiga o entrégate al amor, o al placer, o a lo que quieras.

La magia de volver al ruedo es hacerlo con elegancia. Y bueno, ya haciendo a un lado la metáfora del toro, llamaremos a las cosas por su nombre: todo aquél hombre que esté pendiente de hacer leña del árbol caído, de consolarte en tu dolor con el fin de caerte en gracia a ver si luego te dan ganas de jugar con su poronga, o de consegiur emborracharte, drogarte o hipnotizarte para que hagas cosas que estando en tus cabales no harías jamás, es un maldito buitre y no respeta. Los buitres no son más que carroñeros, y creen que tú eres carroña. La pregunta es ¿lo eres?, la respuesta está en ti, pero yo estoy segura de que NO.

Ahora identifiquemos los múltiples tipos de buitre, y las razones por las cuales no son dignos de atención:

1.-El buitre comemuslo
Este buitre te conoce desde antes que tu relación terminara y estaba esperando este momento para caerte encima. Puede incluso que sea amigo o pariente de tu ex y se hacía el buena gente mientras a escondidas se tocaba con tus fotos. Lo puedes identificar porque siempre aprovechaba, cuando te encontraba sola, para contarte lo mucho que le hubiera gustado tener a su lado una mujer como tú y lo bien que la hubiera tratado. "Sí, Luis".

El comemuslo suele andar soltero por la vida o en relaciones cortas e inestables porque su cobardía, su gris personalidad y su actitud esencialmente carroñera (le es más cómodo comerse "las sobras" ajenas que conquistar autenticamente a una mujer) le impiden abordar con encanto a una mujer en buen estado emocional. Su mal llamado "fuerte"es atacar desde el punto débil, aprovechando tu vulnerabilidad post ruptura, resaltando lo desagradecido que fue tu ex contigo y lo mucho que él, el comemuslo, podría hacerte feliz si alguna vez aceptaras tener algo con él. Obviamente a ninguna mujer le gusta esto, pero a veces una puede morder ese anzuelo de a tres lochas sin querer.

2.-El buitre etílico, estupefaciente o sicotrópico
Este es el falso amigo que te emborracha, droga o hipnotiza, te folla y se va para nunca más volver (o solo
vuelve con la intención de repetir la hazaña). Se reconoce fácilmente porque se la pasa de rumba en rumba, y siempre te invita a salir de noche y a beber.

fig. 3
Pensarás que a beber te puede invitar cualquiera, y en parte es cierto, pero haz la prueba y pídele salir de día a aluna salida tonta: alguien a quien genuinamente le importe tu estado de ánimo te llevará a pasear de día si se lo pides, y se preocupará por acompañarte a los lugares en donde te sientas bien, en vez de poner sus ansias depredadoras por encima de tu necesidad de calma, presionándote para salir de rumba.

Si no es un buitre etílico se interesará por lo que te gusta hacer a ti, conversará largo y tendido sobre cosas que interesen a ambos y, cuando ya te haya enganchado con su labia, te enviará camino a casa con un abrazo y la promesa de un hasta pronto si así lo quieres, o capaz se vayan juntos a algún lado, pero siempre será bajo tu propio y cabal consentimiento. El buitre etílico (fig. 3), en cambio, es evasivo. Sólo sale contigo cuando él quiere y a donde él quiera. Aprovecha hasta la más mínima oportunidad para llevarte a la cama, y si tardas mucho en aflojar, dejará surgir de las tinieblas una actitud de mamagüebo que te haga sentir culpable por no acostarte con él.

El buitre etílico es la vía directa hacia el sentimiento de culpa ("¿¿¿por qué me acosté con esta bestia???"), las infecciones vaginales y, en el más arrastrado de los casos, el multiguayabo (que a veces, no contenta con el guayabo de su última relación, a una le da por enguayabarse con extratopping cuando el buitre etílico revela su filosofía de "indio comido, indio ido").

No te digo que seas abstemia, pero emborracharte no es tan chévere como tú crees. Además, no soluciona nada.

3.-El buitre inesperado
Este es el buitre más incómodo de todos. Casi no merecería ser llamado buitre si no fuera porque él sabe perfectamente que está aprovechándose de tu momento de debilidad emocional para tratar de convencerte de que lo quieras. El buitre inesperado no es más que aquél al que siempre has considerado un gran amigo pero que no te gustaría ni que te lo regalaran remojado en feromonas de James Dean. Ese al que le serviste de apoyo moral aluna vez, al que le has contado la mitad de tu existencia y que siempre te ha mirado como se mira a un helado de limón en medio de un día soleado (con la lengua afuera), sin que tú sepas por qué (mentira, sí sabías, pero en el fondo no querías reconocer que aquello podría ser un problema). Ese es el buitre inesperado.

El error de todos estos años fue hacerte la loca y continuar frecuentando al buitre inesperado. Sé que nunca pensaste que sucedería, pero tarde o temprano este hombre agarra ánimo y, creyendo que es el momento, procede velozmente a estropear la amistad que tenía contigo. De alguna manera es como si pensara que todo el tiempo que fue tu amigo le dio un numerito en la cola y el derecho de, llegado su turno, reclamar su hora del papo, que las cosas hay que decirlas como son.

El error que no debes cometer ahora es tener miedo de estar sola. Muchas mujeres sienten este temor cuando vuelven al ruedo y pasa el tiempo sin que conozcan a alguien que les guste de verdad. Es entonces cuando se aventuran a enredarse con su amigo, con las excusa de que les dio lástima herir los sentimientos de él.

fig. 4
Así que NO. Está prohibido meterte en la cabeza, a la fuerza, que te gusta un hombre al que siempre viste con el mismo queso que te produce el muñequito de pinturas Montana (fig. 4). Tu deber en ese caso, por tu bien y por el de tu equivocado amigo, es no doblegarte y decididamente dar la rotunda negativa, torearlo sin humillaciones, y seguir adelante en la corrida.

Identificados estos tres tipos de buitre, estás preparada para volver al ruedo, a la espera de aquél que realmente llame (y merezca) tu atención, pero de eso te hablaré en la última entrega de "Volver al ruedo".


Recuerda:

No seas la presa fácil de un comemuslo
No te acuestes con nadie borracha (a menos que quisieras hacerlo cuando estabas sobria)
Y no tengas miedo de estar sola ni le digas que sí a alguien que realmente no te gusta.

2 comentarios:

Cristian Rodriguez dijo...

Buenisimo jejejej

La monstrua dijo...

Gracias, Cris! abrazos por Panamà!