domingo, 16 de diciembre de 2012

Teleprisión


En este modelo postmoderno y capitalista de vida que nos quieren obligar a tener lo dueños de las grandes multinacionales, aunque te suene a teoría de conspiración y pienses que soy una paranoica, todo nos es vendido, incluso la libertad que se comercializa enfrascada, sintetizada, convertida en bebida con sabor a libertad extrema, y hasta en diferentes presentaciones.

Una de ellas es la televisión.

En tu hogar pagas por un paquete de televisión por cable, creyendo que con ello tendrás más opciones, más libertad, y resulta que en realidad estás pagando porque más anunciantes puedan llegar a ti con sus ofertas engañosas, sus vidas modelo que no tienes y nunca tendrás, su consumismo, sus rubios cabellos, sus hermosos ajuares a lo Maite Delgado, recorriendo su limpísima sala, con su blanquísima sonrisa, hasta encontrar una flor que le dejó su atentísimo marido, en una casa cuyo sofá vale más que todas tus pertenencias juntas.

Los anunciantes pagan un realero a los medios de comunicación por hacer que su publicidad llegue a nosotros. Luego no sé si son los canales los que le pagan a la agencia de televisión por cable por transmitir, o si la cosa es al revés. Si me lo preguntan, creo que el proveedor de televisión por cable paga una licencia para poder ofrecer el canal, y luego nosotros le pagamos al proveedor de cable para poner tener acceso a la programación. En la cadena un montón de gente paga, y paga y paga, pero nadie nos paga a nosotros. Finalmente ¿qué ganamos? un coño. El libre acceso al exceso de publicidad que contienen los canales privados de televisión, y el bombardeo informativo del que no nos damos plena cuenta, pero que ahí está: datos y datos y datos que nos llegan a veces indirectamente, por medio de series de televisión, "noticiarios", talk shows, y programación barata y cutre, que destruye la función del medio como transmisor de la cultura, y convierte a la televisión e un moldeador de mentes vacías de contenido. Cajas hermosas, coloridas, estupidísimamente vacías, donde todas las mujeres son exactamente iguales, y todo lo diferente es raro.

Para esa basura es que nosotros pagamos el NetUno, el Directv, el Intercable. Para ver Reality Shows en los que una gente vive de comprarle las pertenencias a un pelafustán que como tú y como yo apela a sus pobres corotos para afrontar los momentos de pelazón extrema. Para ver mujeres borrachas haciendo el ridículo, o para volver a ver la repetidísima película esa en la que el latino es el criminal o la mujer de servicio de un gringo con una familia modelo, una esposa cuarentona, flaca, bella, y sonriente, y unos niños adorables que siempre se portan bien y dicen frases aleccionadoras, Unos niños que no juegan trompo, ni metras, ni perinola, fo, qué asco.


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