jueves, 14 de febrero de 2013

Sobre las formas de ver la tierra

El gran Jefe de Washington ha mandado hacernos saber que quiere comprarnos las tierras, junto con palabras de buena voluntad.
Mucho agradecemos este detalle, porque de sobra conocemos la poca falta que le hace nuestra amistad.
Queremos considerar el ofrecimiento, porque también sabemos de sobra que si no lo hiciéramos los rostros pálidos nos arrebatarían las tierras con armas de fuego.
¿Pero cómo comprar o vender el cielo o el calor de la tierra?
Esta idea nos resulta extraña. Ni el frescor del aire, ni el brillo del agua son nuestros, ¿cómo podrían ser comprados?
Tienen que saber que cada trozo de esta tierra es sagrado para nuestro pueblo. La hoja verde, la playa arenosa, la niebla en el bosque, el amanecer entre los árboles, los pardos insectos, son sagradas experiencias y memorias de nuestro pueblo. Los muertos del hombre blanco olvidan su tierra cuando comienzan el viaje a través de las estrellas.
Nuestros muertos en cambio, nunca se alejan de la tierra, que es la madre. Somos una parte de ella y la flor perfumada, el ciervo, el caballo el águila majestuosa, son nuestros hermanos, las escarpadas peñas, los húmedos prados, el calor del cuerpo del caballo y el hombre. Todos pertenecen a la misma familia.
El agua cristalina que corre por los ríos no es solo agua, es la sangre de nuestros antepasados. Si se la vendiésemos, tendrían que recordar que son sagradas y recordárselo a sus hijos. También los ríos son nuestros hermanos porque nos liberan de la sed, arrastran nuestras canoas y nos procuran los peces, además cada reflejo fantasmagórico en las claras aguas de los lagos cuentan los sucesos y memorias de la vida de nuestras gentes.
El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre. 
Sí, gran jefe de Washington, los ríos son nuestros hermanos y sacian nuestra sed, son portadores de nuestras canoas y alimento de nuestros hijos. 
Si les vendemos nuestra tierra, tendrán que recordar y enseñar a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos y que también lo son suyos, y por lo tanto deben tratarlos con la misma dulzura con que se trata a un hermano.
Por supuesto que sabemos que el hombre blanco no entiende nuestra forma de ser. Le da lo mismo un trozo de tierra u otro porque no la ve como hermana, sino como enemigo, cuando ya la ha hecho suya la desprecia y sigue caminando. Deja atrás la tumba de sus padres sin importarle. Secuestra la vida a sus hijos y tampoco le importa. Tanto la tumba de sus padres como el patrimonio de sus hijos, son olvidados. Trata a su madre la tierra, y a su hermano el firmamento como objetos que se compran, se explotan y se venden como ovejas o cuentas de colores. Su apetito devora la tierra, dejando detrás solo un desierto. 
No lo puedo entender. Sus ciudades hieren los ojos del hombre piel roja. Quizás porque somos salvajes y no podemos comprenderlo. 
No hay un sitio tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ni lugar ninguno donde se pueda escuchar en la primavera el despliegue de las hojas o el rumor de las alas de un insecto. Quizás es porque soy un salvaje y no comprendo bien las cosas. 
El ruido de la ciudad es un insulto para el oído, y yo me pregunto: ¿Qué clase de vida tiene el hombre que no es capaz de escuchar el grito solitario de la garza o la discusión nocturna de las ranas alrededor de la balsa?.
Soy un piel roja y no lo puedo entender. Nosotros preferimos el suave susurro del viento sobre la superficie de un estanque, así como el olor de ese mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado con aroma de pinos. 
Cuando el último piel roja haya desaparecido de la tierra, cuando no sea más que un recuerdo su sombra, como el de una nube que pasa por la pradera, entonces todavía estas riberas y estos bosques estarán poblados por el espíritu de mi pueblo, porque nosotros amamos nuestro país como ama el niño los latidos del corazón de su madre. Si decidiese aceptar vuestra oferta, tendría que poneros una condición: que el hombre blanco considere a los animales de estas tierras como hermanos. 
Soy un salvaje y no comprendo otro modo de vida. Tengo vistos millares de búfalos pudriéndose abandonados en las praderas, muertos a tiros por el hombre blanco. Soy un salvaje y no comprendo cómo una maquina humeante puede importar más que el búfalo al que nosotros matamos sólo para sobrevivir.
¿Que puede hacer el hombre sin los animales?. Si todos los animales desapareciesen, el hombre moriría en una gran soledad. Todo lo que pasa a los animales muy pronto le sucederá también al hombre. Todas las cosas están ligadas. 
Debéis enseñar a vuestros hijos, lo que nosotros hemos enseñado a los nuestros: que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurre a la tierra le ocurrirá a los hijos de la tierra, si los hombres escupen en el suelo, se escupen a sí mismos.
De una cosa estamos bien seguros: la tierra no pertenece al hombre, es el hombre el que pertenece a la tierra. Todo va enlazado, el hombre no tejió la trama de la vida; él es solo un hilo. Lo que hace con la trama, se lo hace a sí mismo. Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con él de amigo a amigo, se salva del destino común. Después de todo quizás seamos hermanos. Ya veremos. 
Sabemos una cosa que quizás el hombre blanco descubrirá algún día: nuestro dios es el mismo.
Ustedes pueden pensar ahora que él les pertenece, así como desean que nuestras tierras les pertenezcan, pero no es así. Él es el dios de todos los hombres y su compasión alcanza por igual al piel roja y al hombre blanco. Esta tierra tiene un valor inestimable par Él, y se daña se provoca la ira del Creador. 
También los blancos se extinguirán, quizás antes que las demás tribus. El hombre no ha tejido la red de la vida, sólo es uno de esos hilos y está tentando la desgracia si osa romper esa red. Todo está ligado entre sí, como la sangre de una misma familia.
Si ensucias vuestro lecho cualquier noche moriréis sofocados por sus propios excrementos, pero ustedes caminarán hacia la destrucción rodeados de gloria y espoleados por la fuerza de Dios, que los trajo a esta tierra y que por algún designio especial les dio dominio sobre ella y sobre la piel roja. Ese designio es un misterio para nosotros, pues no entendemos por qué se exterminan los búfalos, se doman los caballos salvajes, se saturan los rincones secretos de los bosques con el aliento de tantos hombres y se atiborra el paisaje de las exuberantes colinas con cables parlanchines. 
¿ Dónde está el bosque espeso? … desapareció 
¿ Dónde está el águila ? … desapareció 
Así se acaba la vida y solo nos queda el recurso de intentar SOBREVIVIR.

Noah Seattle, jefe indio de de la tribu Suquamish / 1854

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Siempre es interesante analizar las perspectivas de los personajes dentro de su contexto espacio-tiempo. Y más si tuvieron alguna relevancia dentro de algún grupo social especifico, dentro del cual sus ideas pudieran propagarse a otros de su especie.
Bien es sabido que Estados Unidos es de los países con mayor consumo per cápita en el mundo, así como de los que poseen un nivel de vida difícilmente sustentable, sin el poder la dominación de los recursos a escala mundial, por lo que comúnmente se suele llamar, la dominación del “hombre por el hombre”. Y un claro ejemplo de cómo se puede ver lo que, a palabras de Hobbes seria la consecuencia de circulo: Homo homini lupus (El hombre es el lobo para el hombre).
El Jefe Seattle, (o como lo nominara el “hombre blanco: Noah) se volvió una figura medianamente representativa durante el proceso colonialista que atravesaba la ahora Republica del Norte para 1854. Fecha de data aproximada para el discurso que, según fuentes orales, pronunciara para ese entonces. Momento en el cual, los territorios ocupados por los originarios del país del Norte estaban siendo víctimas de lo que particularmente siempre pasa con los imperios: Dominación a gran escala dejando atrás los intereses de los nativos.
Dado que esta alocución nunca pudo llegar a ser totalmente precisada por su fecha, valoración y la brecha idiomática que existía entre las culturas que allí se desarrollaban, se vio sujeta a distintas interpretaciones, distintos usos, y distintas traducciones. Hecho que le hace preguntarse a uno, un humano del siglo XXI, con raíces la mayoría, dentro de las grandes ciudades, como interpretar el conocimiento adquirido, y en base a que lo pone a funcionar.
Sin querer desestimar la calidad de la oratoria del Seattle, ni mucho menos su intención, la crítica principal seria a como el hombre contemporáneo, natural a la cultura humana, la occidental la mayoría cultura de la máquina, de la era industrial, del desarrollo de las artes, las letras, la arquitectura, la mano de obra textil, educativa, alimentaria, entre otras, ve a la naturaleza ( típicamente hablando ) y se fusiona con ella.
A pesar de todo, y aunque quiera ser negado, somos hijos de la tierra, pero lamentablemente, de la tierra arida que el asfalto nos proporciona. Hijos de la maquinaria, del humo, de ese ruido que tanto molesta al jefe ( con toda razón) según las fuentes. Hijos de toda ese enjambre cultural de ideas que transformo la manera de pensar, lo que es el hombre, con la “naturaleza”. Y lamentablemente, como hijos de esta tierra maquinizada, parte mas que de la naturaleza “per se”, parte de la naturaleza humana, parte de la creación del hombre.

Anónimo dijo...

Entonces, si nosotros en buena medida creamos “nuestra naturaleza”, Cual es el objetivo a seguir?
Pues entender que como seres urbanos, vemos a lo que para nosotros es esa naturaleza “real”. esa naturaleza que para unos, es “Pachamama”, para otros “ Gaia”, no es la naturaleza que como la ve el Jefe Noah, sino la naturaleza conceptualizada, desde lo que somos: Gentes de Ciudad.
Sin embargo, mi critica no es para la manera de ver la naturaleza del hombre “moderno” ( del cual siempre está implícito debe considerar el mejor manejos de los recursos, del respeto a las distintas formas de vida y sus espacios) que recientemente tomo conciencia de su espacio natural, sino de la visión que se pretende infundir dentro de los grupos que aparentemente obran de manera, mas “natural”. Una especie de raza elfica nacida de la vida del “Tecnos”.

Consientes de esto, seria infantil recitar eternamente el mismo discurso “ecologista” que encierran muchos de los hombres de hoy en día, que como casi todos los que habitamos las grandes selvas de concreto, donde el ruido del motor abunda, y lo más semejante a un águila es la muy común columbidae, reproducida en masa por todas nuestras plazas, no dice nada que resuelva el encuentro con nuestra verdadera naturaleza. Sino que muchas veces sin darse cuenta, la separa.
Porqué el gran problema, y más allá del discurso étnico que manejemos, es el querer desprendernos de lo que somos. No podemos querer sentir y hablar como indios, sino nacimos indios. Ni podemos nacer y pensar como Africanos, sino nacimos Africanos. Y así sucesivamente con la mayoría de los discursos que se manejan entre las culturas, sobretodo las occidentales. Mas si podemos hablar conscientemente, como seres urbanos ( Caraqueños en mi caso), que por ser provenientes del asfalto, tal vez no entendamos tan dócilmente la naturaleza “silvestremente” hablando, pero si conocemos mejor la naturaleza humana, la que naturalmente es artífice de nuevas junglas de concreto, ya sea para destruir o para crear. Y por lo tanto, sabiendo esto, se compenetran mejor las cosas.
Porque ya nos montemos en una palmera por 3 horas, los únicos cocos que veras salir, son los que te pegaran pa que te bajes. Al igual que aunque subas al risco mas alto del Everest, a las horas nos saldrán ramas, y podremos cual planta, formar parte del milagroso proceso de alimentación como es el de la fotosíntesis.
El hombre moderno tiene que ser consciente de su lugar en el mundo, de su patrón de consumo y de su nivel de vida. Solo así, la adulteración de muchos conceptos será disminuida, que con buena intención o no, son los que a nivel de hechos, tendrán de verdad valor dentro de la dinámica de los procesos biológicos en este mundo altamente superpoblado que habitamos.
Nosotros, seres de la jungla de concreto, mas que ecológicos, debemos matar la hipocresía, ser mas serios con nuestros orígenes, y determinarnos como “Ecoconcientes” y “Ecoculturales”. Solo asi, podremos moldear un mejor mundo, en el cual podamos vivir mejor todos, manejar mejor los recursos y estar mas en sintonía con las naturalezas: La Silvestre y la Urbana.
Esperemos que por Noah y por nosotros, el bosque no deje de poblarse, y el águila vuelva.

La monstrua dijo...

Pana, te hablo claro:
te agradezco mucho que visites mi blog, pero luego de haber leído tu increíble e injustificadamente largo comentario (que en realidad son DOS, pero digamos que fue uno solo), llegué a la conclusión de que no tengo idea alguna de qué coño es lo que quisiste decir.

Recuerda este consejo para toda tu vida: mientras más breve lo digas, mejor dicho estará.


Si quieres iniciar un debate conmigo plantéame tu idea como es debido,mira que yo soy una ignorante y a mí hay que hablarme claro y raspao, sin demasiadas referencias a autores (que por cierto no he leído) que si no, no entiendo.

Anónimo dijo...

Jejeje... Impetuosa, tal vez... Ignorante, no lo creo. Nah... hay momentos para la brevedad, y en este momento quise participar en un analisis de algo mucho mas complejo que:" Es que salvemos a las ballenas ". Las conclusiones faciles(mal o a veces bien pensadas), dejemoselas a los mas que ignorantes, de corto entendimiento. Pero puedes releerlo y tal vez tratar de ver algo dentro de este post que tanto me gusto, o no. Pero si querias un resumen: Es bonita la ecologia, si se practica concientemente, sobre las bases de nuestra "naturaleza" urbana.

Se despide hablando "claro y raspao", esperando ver mas ediciones.


La monstrua dijo...

Aquí nadie está hablando de "salvar a las ballenas", aquí lo que se está diciendo no es "planta un árbol", no "bota la basura en su lugar", y lo de la naturaleza urbana puedes defenderlo a capa y espada, pero es insostenible a largo plazo. Aunque la tierra todavía pueda hacer un gran esfuerzo por darnos esta vida que llevamos durante cien años más, la realidad es que nos estamos consumiendo el mundo.

Tal vez tú interpretaste el texto de una forma diferente a la mía, pero yo considero que de lo que habla este hombre indio es del respeto por la tierra, de entender que está viva y que cada elemento del sistema es de vital importancia para el equilibrio. Si eso te parece ecología barata, entonces no hay más nada qué discutir.

Cuando era niña me enseñaron a pedirle permiso a las plantas para arrancarle una fruta, o algunas hojas. En las noches cuando iba a robar un poco del toronjil de mi vecina para hacer un tecito, el ritual del hurto incluía 30 segundos de disculpas a la matica por el daño hecho, y un chorrito de agua en la base para compensar el dolor que le causaba. Si me vas a decir que eso es ecología barata, yo te puedo decir que tú eres un inconsciente.

La modernidad no es una maravilla, te lo juro por todos mis dedos de los pies. La tecnología nos está atrofiando y lo peor de todo es que no estamos desconectando de la naturaleza.

Todo lo que le ocurre a la tierra le ocurrirá también a los hijos de la tierra.

Cambio y fuera.

Anónimo dijo...

Jajajaja, nunca dije que la modernidad o la tecnologia fueran el camino a seguir, ese es el problema de tomar, justamente, conclusiones precipitadas.

Se muy bien de que va el texto, pero se tambien que se divulgo la version publicada por Ted Perry, para los "ecologistas modernos", quienes lo tomaron como una especie de guru, muchas veces logrando lo que justamente dije: Adulterar conceptos.

No es que la modernidad sea una maravilla o no, simplemente: ES. La modernidad simplemente es un modelo de vida por el cual se mueven todos los hombres que inevitablemente van al cambio. Y las culturas "Amerindias" de Norte y Sur inevitablemente iban a ese camino. Tambien desarrollaban "tecnologia", solo que con el pasar del tiempo la conolizacion mermo su desarrollo. De hecho la modernidad traia en su seno buenas intenciones, mas la ambicion desmedida en todos los aspectos del hombre comun, provoco mas de lo mismo.

A lo que me refiero con ser urbano es a la concepcion de ver las cosas para nosotros los de ciudad, que es diferente. Y la cual muchas veces queremos desarraigar de su "naturaleza" citadina como si no lo fueramos. Muchas veces haciendolo moda por ejemplo, a eso me refiero.

Pero aparentemente tu tuviste mas "monte" en tu vida que yo. Yo tuve bastante, sin embargo llegaba en carro (sin entrar en discusion de si el automovil es sustentable o no), y veia a los agricultores de la zona tomar de todo arbol que veian, sin permiso alguno cualquier cosa que quisieran. Esa conciencia justamente de la madre tierra, es mucha veces una concepcion de nuestra cultura urbana y la gente, por lo general no lo dice. Porque todo lo demas simplemente esta ligado a lo "animal", a el estimulo, y asi lo ven los que lo viven fuera de estas paredes del ciberespacio por ejemplo. Lo demas es racionalizacion.


Pero insisto, estoy de acuerdo contigo que el manejo que se le da a la tecnologia esta atrofiando ya no tanto la naturaleza en si, si no hasta lo que es lo natural es nuestros propios cuerpos. Y el manejo de esta no se esta implementando en lo que seguramente si las culturas amerindias hubiesen sido mas conscientes que es, en el manejo de recursos adecuadamente para la cantidad de personas que habitan nuestra tierra y que va en constante crecimiento.

Y me gusta que como yo, seas mas que ecologica, ambientalista. Yo no tuve ritos, ni nada parecido, y bastante que aproveche los frutos naturales. Mas tal vez fue porque me enseñaron diferente, pero si poseo y entiendo la misma concienca que estas tratando de transmitir, y que tal vez por mis comentarios sea mal interpretada de tu parte.

Mi consejo de vida, es: No te cierres solo en tus ideas, tambien ten valora la mirada del otro. Aunque sea para entender mejor como pueden ser, probablemente, realmente las cosas.

Espero haberme hecho entender, un poco mas al menos.

Un abrazo.

La monstrua dijo...

Otro abrazo para ti, extraña persona del ciberespacio.